Sobre la mesa había
un cuadrado, cinco triángulos y una especie de juanola de madera. Con lo que a
él le gustaban esos caramelos de menta, el dolor de cabeza que le estaba dando
aquélla “superjuanola”. Menudo fastidio, con lo bien que estaría él jugando con
la psp3 que había pedido a los reyes, pero claro, su padre, que era un listo,
le había regalado “esto”. Llevaba toda la tarde enfrascado en volver a
conseguir ese cuadrado perfecto y no lo conseguía.
-“Maldita Juanola”-
deshizo todas las piezas y comenzó otra vez, desde el principio, razonando.
Su padre le
observaba desde la puerta; realmente su hijo estaba enganchado al rompecabezas.
Tal vez no estuviera todo perdido.
El cumpleaños de
Carlitos era el mes siguiente, “creo que le ha llegado el momento de un buen
libro”.
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