domingo, 25 de diciembre de 2011

Alfombras voladoras.

Este cuento lo escribí hace muchos tiempo. Y sí, da que pensar...


No sabía que hacer con el desorden de mi vida… cada vez que lo veía me sacaba de quicio, tenía que arreglarlo, poner orden para que no me estallara la cabeza, no podía más. Tantas cosas que arreglar, gente a la que pedir perdón o simplemente dedicarle una sonrisa de vez en cuando, mil proyectos que eran sólo eso, proyectos y que no tenían esperanzas de ser realidades, todo por mi culpa. Hasta que la desidia me hizo ver la solución… Si no podía hacer que desapareciera, debía de esconderlo en algún lugar, así no lo vería nunca más… Y podría empezar otra vez de cero. Subí al desván, pero lo encontré lleno de desórdenes ajenos. Abrí los cajones de mi cuarto, y los encontré llenos de ropa y secretos. Busqué y encontré. La alfombra vieja, heredada de vete tú a saber que familiar, que estaba en un rincón del salón. Ese era el sitio perfecto, y efectivamente, debajo sólo había polvo. Por consideración limpié debajo de la tela, y escondí el desorden. Miré atrás y respiré tranquilo. Detrás de mi ya no había nada. Ni orden ni desorden. Ni acierto ni desconcierto.

Pasaron los días, y mi vida, desde cero, comenzó a llenarse de más proyectos, más gente… Hasta que, mientras estaba en casa, planteándome varios puntos de vista sobre la manera de enfocar esta nueva situación, la alfombra vieja del salón, donde había escondido el desorden de mi vida, echó a volar…



No hay comentarios:

Publicar un comentario