Yo veía a través de sus ojos, hablaba por sus labios, y escuchaba por
sus oídos. Sentía a través de su piel, y caminaba con sus zapatos puestos. Yo
lo era todo y no era nada. Ella lo era todo.
No entendía entonces porqué me hacía esto... Me sentí mareado al principio. Llevaba unos días en
los que un torbellino de sensaciones y emociones muy dispares nos embargaba; el
corazón nos latía a un ritmo muy rápido, como a dos tiempos, el mío más rápido,
el suyo, más lento... pero al cabo de los días, ambos se pusieron al son. Sentí
como ella me oprimía, sentí dolor, sentí ansiedad, sentí que me estaba
asfixiando, ¿porqué me hacía esto? ¡¡Llevábamos toda la vida juntos!!
Recordé los bellos momento que habíamos pasado; paseando por el
parque, las últimas navidades con toda la familia, y esos momentos de relax
escuchando música. Recordé su voz cuando me leía antes de dormir. Recordé
cuando me acariciaba a la vez que me hablaba del futuro que nos esperaba.
¿Porqué entonces? ¿Porqué? Sentí odio. La quería tanto, la amaba tanto... la
odié por hacerme esto... Me encontraba confundido, me sentía abandonado; la
odié porque no la comprendía. Sentía como si me arrancaran de su lado.
Ya no la odié más... ya sólo sentía miedo. Miedo y frío.
El frío era muy intenso, sentí un golpe seco y no pude más que llorar.
La Rabia, el miedo y la desesperación me embargaron, quería gritar, pelear,
escapar... y sólo podía llorar. Llorar. El aire quemaba mis pulmones, todo era
caos, gritos y luces. ¿Dónde estaba? ¿Dónde
estaba ella? Me sentí arropado, pero
seguía teniendo miedo. Había perdido la seguridad en mi mismo. Sonidos
estridentes me desfondaban los tímpanos, luces intensas me cegaban.
Sentí como me bajaban, y con cuidado me depositaron sobre algo
caliente y húmedo. Sentí un olor familiar. Sentí un latido familiar. Sentí unos
labios besándome y un susurro que llegó hasta mi: “Mi pequeño”
Me di cuenta de que ella no me había abandonado. Sentí tranquilidad. Era
otra vez feliz.