lunes, 15 de noviembre de 2010

“A lo mejor”

Dejo que los dedos bailen sobre el teclado... Aunque a veces, ellos quisieran bailar en otra pista.

Sólo son tres palabras, y cuanta esperanza contenida en ellas… y, a la vez, cuanta desesperación. “A lo mejor”

¿Será que en el fondo sabemos que nunca ocurrirá? Que ya no hay vuelta atrás. Cuando pronunciamos esas palabras, en muchas ocasiones, lo que hacemos es ponernos una venda en la cara (o en el corazón), para no darnos cuenta de la realidad. Esa realidad que tanto daño nos hace.

¿Por qué nos empeñamos en negarnos la realidad? ¿Por qué preferimos negar(nos) lo evidente, por doloroso que sea? “A lo mejor” ¿A lo mejor si? ¿A lo mejor no? ¿A lo mejor o a lo peor? Hay veces que no es tanto ese a lo mejor, sino a lo peor… Pero claro, ahí la esperanza se desvanece.

¿Una visión negativa? A lo mejor.

Las palabras son armas de doble filo… Que deberíamos aprender a usar correctamente. Tanto en fondo como en forma, y así, nos ahorraríamos muchos “A lo mejor”

martes, 26 de octubre de 2010

Dejo a mis dedos pensando...
... Y cedo la palabra a otros que me han dado en qué pensar.

Rudjar Kipling

SI
Puedes conservar tu cabeza, cuando a tu alrededor
todos la pierden y te cubren de reproches;
Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti
los demás hombres y ser igualmente indulgente para su duda;
Si puedes esperar, y no sentirte cansado con la espera;
Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas,
por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;

SI
Puedes soñar sin que los sueños, imperiosamente te dominen;
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;
Si puedes encararte con el triunfo y el desastre, y tratar
de la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta
la veas retorcida por los pícaros,
para convertirla en lazo de los tontos,
O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,
y agacharte y construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos!

SI
Eres capaz de juntar, en un solo haz, todos tus triunfos
y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta
Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste
Y nunca mas exhalar una palabra sobre la perdida sufrida!
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,
a que te obedezcan aun después de haber desfallecido
Y que así se mantengan, hasta que en ti no haya otra cosa
que la voluntad gritando: “persistid, es la orden!!”

SI
Puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;
Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos,
pueden causarte daño;
Si todos los hombres pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado;
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final;

Tuya será la tierra y cuanto ella contenga
Y -lo que vale más- serás un hombre! hijo mío!

viernes, 8 de octubre de 2010

Chispas

Qué caprichosos son estos dedos, que no escriben cuando se les pide… sino cuando ellos quieren.

Una chispa es un instante… Algo fugaz. Un fogonazo que llama nuestra atención, sobresaltándonos… Y no nos damos cuenta de que ha ocurrido hasta que nuestro cerebro entiende lo que los ojos, en su pobre y pueril irraciocinio, han visto. Pasan unos milisegundos vitales hasta que nos damos cuenta de que a nuestro lado ha saltado una chispa, que ya no está.

Eso es lo que la hace tan especial.

Porque esa chispa contiene la gran verdad de esta vida…

…Es fugaz, es sólo un instante.

Recreémonos en esa Chispa. Con los ojos, por favor.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

SEQUIA

Las palabras surgen con una cadencia timida, como si les costara salir… ¿Se han vuelto los dedos más perezosos que la lengua? ¿O es que hay lenguajes en los que no es tan fácil expresarse?

Veo la tierra agrietada. Sí, antes aquí hubo un río. Miro en derredor y veo poca vegetación, seca. Una enorme secuoya se alza en mitad del yermo paraje. Me acerco a cobijarme bajo su sombra.

Me apoyo en el tronco del reseco árbol. Me dejo aliviar por su sombra. Primero mi espalda cansada y dolorida se apoya en su tronco, después mi cabeza. Mis brazos inermes caen sobre unas raíces y mis piernas, estiradas, bailan al son de los pequeños calambres que la larga camita ha causado.

Sí, caminar por el desierto es cansado.

Duermo. Sueño. Tengo pesadillas. Al despertar, bebo de la cantimplora que llené en el manantial; últimos recuerdos de aquel torrente de vida que fluía por las montañas. Que hermosas eran aquellas montañas. Como me gustaba ese manantial.

Abro los ojos y veo el desierto que tengo delante. Veo que el calor crea formas sinuosas, espirales danzarinas que se elevan hasta el cielo. Hipnotizan. Engañan. Suerte que está esta seca secuoya aquí para darme cobijo.

Palmeo agradecido las raíces que hay debajo de mis manos. Raíces robustas… Vivas. Dicen que estos árboles viven cientos de años, lo que no sabía que fueran capaces de aguantar estas sequías.

Agotado, vuelvo a dormir. Sueño con el manantial, con las montañas.

Me despierto. Ha caído la noche y miles de millones de estrellas me acompañan. ¿Hay algo más hermoso que el cielo del desierto? ¿Hay algo que hable más claro que el silencio?

Decido subirme a lo alto de la secuoya para verlo mejor. El amanecer debe de ser un espectáculo. Después, me pondré en camino.

Efectivamente, el espectáculo desde allí arriba es increíble.

Fue cuando me deleitaba con el primer bostezo de Lorenzo cuando olí la humedad. Fue al oler la humedad cuando miré al horizonte, y vi las nubes de tormenta que se acercaban.

Agoté las ultimas gotas de la cantimplora y comencé a andar a su encuentro.